Del mono al “homo emotionalis”

 

Tal y como anunció Bauman, la transición de la sociedad industrial a la postindustrial viene marcada por el paso de la ética del trabajo a la estética del consumo. Consumimos ya no en función del valor de uso de los productos sino en base a su valor-signo. Consumimos un estilo de vida, un prestigio social vinculado a la pertenencia a un determinado grupo de estatus. Así, por ejemplo, si observamos al consumidor de la marca Apple, se sabe que es un hombre de 30-45 años, con un nivel socio-económico medio-alto y además usa las redes sociales convirtiéndose en líder de opinión. Por tanto, el consumidor es al mismo tiempo un producto y promotor de sí mismo, lo cual aprovecha el mercado para que otros emulen sus hábitos de consumo, sus gustos y preferencias.

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