Los límites que honran nuestras relaciones

 

Hay veces en que se hace necesario poner límites de forma drástica con el fin de proteger y honrar nuestras relaciones. La forma en que decimos “NO” o renunciamos a algo es importante, ya que hay momentos en que suavizarlos no es la solución y se hace necesario expresarlos con firmeza y sin medias tintas. Para ilustrar este pensamiento comparto con vosotros una historia extraída del libro “Órdenes del amor”, de Bert Hellinger:

“Un hombre, en sueños, oyó una noche la voz de Dios, que decía: <<Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado hijo, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto.>>”

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su hijo único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y miró a su Dios. Cogió al niño, lo llevó al monte, construyó un altar, ató las manos al niño y sacó el cuchillo para sacrificarlo. Pero en ese momento oyó otra voz, y en lugar de su hijo sacrificó un cordero.

¿Cómo mira el niño al padre? ¿Cómo el padre al hijo? ¿Cómo la mujer al hombre? ¿Cómo el hombre a la mujer? ¿Cómo miran ellos a Dios? ¿Y cómo Dios -suponiendo que exista- los mira a ellos?

También otro hombre, por la noche, oyó en sueños la voz de Dios que decía: <<Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado hijo, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto.>>

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su hijo único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y miró a su Dios. Y, le respondió, cara a cara: <<¡No lo haré!>>

¿Cómo mira el niño al padre? ¿Cómo el padre al hijo? ¿Cómo la mujer al hombre? ¿Cómo el hombre a la mujer? ¿Cómo miran ellos a Dios? ¿Y cómo Dios -suponiendo que exista- los mira a ellos?”