Los límites que honran nuestras relaciones

 

Hay veces en que se hace necesario poner límites de forma drástica con el fin de proteger y honrar nuestras relaciones. La forma en que decimos “NO” o renunciamos a algo es importante, ya que hay momentos en que suavizarlos no es la solución y se hace necesario expresarlos con firmeza y sin medias tintas. Para ilustrar este pensamiento comparto con vosotros una historia extraída del libro “Órdenes del amor”, de Bert Hellinger:

“Un hombre, en sueños, oyó una noche la voz de Dios, que decía: <<Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado hijo, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto.>>”

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su hijo único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y miró a su Dios. Cogió al niño, lo llevó al monte, construyó un altar, ató las manos al niño y sacó el cuchillo para sacrificarlo. Pero en ese momento oyó otra voz, y en lugar de su hijo sacrificó un cordero.

¿Cómo mira el niño al padre? ¿Cómo el padre al hijo? ¿Cómo la mujer al hombre? ¿Cómo el hombre a la mujer? ¿Cómo miran ellos a Dios? ¿Y cómo Dios -suponiendo que exista- los mira a ellos?

También otro hombre, por la noche, oyó en sueños la voz de Dios que decía: <<Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado hijo, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto.>>

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su hijo único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y miró a su Dios. Y, le respondió, cara a cara: <<¡No lo haré!>>

¿Cómo mira el niño al padre? ¿Cómo el padre al hijo? ¿Cómo la mujer al hombre? ¿Cómo el hombre a la mujer? ¿Cómo miran ellos a Dios? ¿Y cómo Dios -suponiendo que exista- los mira a ellos?”

Te quiero más en otoño

 

 

Comparto este bello poema de amor escrito por Eradio González Alvarez:

 

Te quiero más en otoño

cuando quedas desnuda

como los árboles

y rebulles de amor ante mis ojos

con todo tu cuerpo pidiendo mi cuerpo.

Te quiero más en otoño

cuando desnuda

revoloteas en torno mío

como una bufanda de niebla

enroscada cariñosa a mi cuello.

Te quiero más en otoño

cuando te quedas dormida

y sonríes complacida

como sonámbula,

acariciada por mis besos.

Te quiero desnuda,

te quiero más en otoño.

Te quiero como los campos

con todos los surcos abiertos

propicios a recoger las semillas.

Te quiero más en otoño,

cuando todo duerme,

cuando el trigo está enterrado

y los árboles sin hojas

y los ríos en silencio.

Te quiero más en otoño

cuando todo duerme,

cuando todo sueña

cuando quedas desnuda

con todo tu cuerpo pidiendo mi cuerpo.

(Eradio González Alvarez, poeta)

 

¿De qué forma expresas tu rabia?

 

Partiendo de la idea de que la rabia o ira no es ni negativa ni positiva, sino adecuada o no, que se parece a una señal de STOP, tratándose por tanto de una emoción adaptativa y necesaria que nos ayuda a proteger nuestros derechos, a restablecer nuestra dignidad y a poner límites a los demás, me gustaría compartir con vosotros una reflexión que hace Bert Hellinguer, filósofo, teólogo y pedagogo, en su libro “Órdenes del amor”.

Conocer las distintas formas de expresión de la ira te ayudará a tener más conciencia de cómo te relacionas con esta emoción y cómo está afectando a tus relaciones con los demás.

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Del mono al “homo emotionalis”

 

Tal y como anunció Bauman, la transición de la sociedad industrial a la postindustrial viene marcada por el paso de la ética del trabajo a la estética del consumo. Consumimos ya no en función del valor de uso de los productos sino en base a su valor-signo. Consumimos un estilo de vida, un prestigio social vinculado a la pertenencia a un determinado grupo de estatus. Así, por ejemplo, si observamos al consumidor de la marca Apple, se sabe que es un hombre de 30-45 años, con un nivel socio-económico medio-alto y además usa las redes sociales convirtiéndose en líder de opinión. Por tanto, el consumidor es al mismo tiempo un producto y promotor de sí mismo, lo cual aprovecha el mercado para que otros emulen sus hábitos de consumo, sus gustos y preferencias.

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Recojo mis párpados caídos

Recojo mis párpados caídos
abandono la luz y resisto el duelo
abriendo rencores de años perdidos

Quiero gritar porque no olvido

Vuelve la oscura noche
abrazo mi memoria y derramo mis ojos
deslizando su lluvia hasta que mi alma roce

Quiero llorar porque no olvido

(Mayte Saavedra, poeta)

Haciendo que tus sueños dejen de serlo

Puedo sentir tu deseo,

en pequeñas gotas de agua convertido

a través de mis sentidos llega,

de tu fragancia acompañado.

Quiero tocarte, sin hacerlo,

mediante palabras

quiero hacerte mía,

quiero hacerme tuyo.

Desnudarte con mis labios

y tú querer hacerlo,

adentrándome en tus secretos,

recorriéndolos a besos.

Haciendo que tus sueños, dejen de serlo.

Puedo amarte

de mil formas distintas, en lugares oscuros,

entre susurros.

Siente mis manos invisibles

recorrer cada curva tuya.

Suavemente, que en cada roce

tu piel se enerve.

Muéstrate, quiero verte,

sin máscaras, sin prejuicios.

Quiero hacerte mía, hacerme tuyo

a través de mis versos.

(Alex Regueiro, extraído de su poemario “Piel”)

Cerca y lejos

de una pieza, agua clara

que acaricia mis ojos, mis labios, mi frente

deshecha en tus ramas, agua turbia

que araña mis sentidos, tras la corriente

cerca de mi orilla

lejos del viento

me grita el tiempo

                                                                 cerca y lejos

                                                                                            cerca y lejos

                                                                                                                        cerca y lejos

 

(Mayte Saavedra, poeta)

 

Ordenando mi casa

Voy danzando sobre ruedas, cámaras de turistas por aquí y por allá,  jóvenes celebrando el sábado tarde y, yo, atenta y ajena a la vez. Si coloco el paisaje como telón de fondo me asaltan mil preguntas: ¿qué quiero hacer con mi tiempo?, ¿cómo me estoy sintiendo?, ¿qué necesito?, ¿qué no necesito?, ¿cómo hago para sentirme mejor?

Los días de asueto también son buenos días para ordenar mi casa interior. Lo que necesito es saber dónde estoy en este momento de mi vida y hacia dónde quiero ir. Sólo necesito tiempo y lentitud.

“La lentitud no es cuestión de tener tiempo, sino de detener el tiempo”

Y, tú, ¿vas ordenando tu casa interior?