Del mono al “homo emotionalis”

 

Tal y como anunció Bauman, la transición de la sociedad industrial a la postindustrial viene marcada por el paso de la ética del trabajo a la estética del consumo. Consumimos ya no en función del valor de uso de los productos sino en base a su valor-signo. Consumimos un estilo de vida, un prestigio social vinculado a la pertenencia a un determinado grupo de estatus. Así, por ejemplo, si observamos al consumidor de la marca Apple, se sabe que es un hombre de 30-45 años, con un nivel socio-económico medio-alto y además usa las redes sociales convirtiéndose en líder de opinión. Por tanto, el consumidor es al mismo tiempo un producto y promotor de sí mismo, lo cual aprovecha el mercado para que otros emulen sus hábitos de consumo, sus gustos y preferencias.

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Recojo mis párpados caídos

Recojo mis párpados caídos
abandono la luz y resisto el duelo
abriendo rencores de años perdidos

Quiero gritar porque no olvido

Vuelve la oscura noche
abrazo mi memoria y derramo mis ojos
deslizando su lluvia hasta que mi alma roce

Quiero llorar porque no olvido

(Mayte Saavedra, poeta)

Haciendo que tus sueños dejen de serlo

Puedo sentir tu deseo,

en pequeñas gotas de agua convertido

a través de mis sentidos llega,

de tu fragancia acompañado.

Quiero tocarte, sin hacerlo,

mediante palabras

quiero hacerte mía,

quiero hacerme tuyo.

Desnudarte con mis labios

y tú querer hacerlo,

adentrándome en tus secretos,

recorriéndolos a besos.

Haciendo que tus sueños, dejen de serlo.

Puedo amarte

de mil formas distintas, en lugares oscuros,

entre susurros.

Siente mis manos invisibles

recorrer cada curva tuya.

Suavemente, que en cada roce

tu piel se enerve.

Muéstrate, quiero verte,

sin máscaras, sin prejuicios.

Quiero hacerte mía, hacerme tuyo

a través de mis versos.

(Alex Regueiro, extraído de su poemario “Piel”)

Cerca y lejos

de una pieza, agua clara

que acaricia mis ojos, mis labios, mi frente

deshecha en tus ramas, agua turbia

que araña mis sentidos, tras la corriente

cerca de mi orilla

lejos del viento

me grita el tiempo

                                                                 cerca y lejos

                                                                                            cerca y lejos

                                                                                                                        cerca y lejos

 

(Mayte Saavedra, poeta)

 

Ordenando mi casa

Voy danzando sobre ruedas, cámaras de turistas por aquí y por allá,  jóvenes celebrando el sábado tarde y, yo, atenta y ajena a la vez. Si coloco el paisaje como telón de fondo me asaltan mil preguntas: ¿qué quiero hacer con mi tiempo?, ¿cómo me estoy sintiendo?, ¿qué necesito?, ¿qué no necesito?, ¿cómo hago para sentirme mejor?

Los días de asueto también son buenos días para ordenar mi casa interior. Lo que necesito es saber dónde estoy en este momento de mi vida y hacia dónde quiero ir. Sólo necesito tiempo y lentitud.

“La lentitud no es cuestión de tener tiempo, sino de detener el tiempo”

Y, tú, ¿vas ordenando tu casa interior?

Preámbulo

 

ojos en la penumbra
que rodean tu silueta al pasar, agitando el silencio

temblor en mi cuerpo
que acaricia tus poros sin rozar, reviviendo el goce

rozando el beso
que dibuja la orilla de tu boca … muriendo, muriendo …

 

(Mayte Saavedra, poeta)

RenunciArte

El arte queda desnudo de toda enunciación.

Su mensaje llega al observador a través de la proyección. El artista proyecta y el espectador también.

Nos emociona, nos libera, despierta deseos, elimina censuras y renuncia a interpretaciones.

El arte es subjetivo, es inconsciente y consciente.

Y, a través del otro, del artista, me reconozco.

 

El chotis del amor propio

 

Donde hay mentiras y engaños
pá qué las palabras sin verdad
porque sin claridad no te veo
y, si no te veo, pá qué arriesgar

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

No juegues más conmigo
pá lo que trajiste mucho te has llevao
que tu teatro ya no tiene espectadora
y tus monólogos ya cansan demasiao

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

Se baja el telón sin aplauso
pá alquien que nunca se lo mereció
que las horas de mi reloj no son regalo
y aquí se acabó lo que se dió

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

Ahí te quedas
con el chotis del desamor ajeno
aquí me despido
con el chotis del amor propio

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

(Mayte Saavedra, poeta)