La insegura trayectoria de las aves

 

Los inmigrantes Mayte Saavedra

Comparto este poema de Chantal Maillard,  extraído de su libro “La herida en la lengua” (2015):

“Nunca suficientemente desolados para tocar fondo y ara-
ñar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies
quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación
en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permiti-
dos en la fase más leve del sueño.

Soportados por millones de esclavos que arrojados al frío
olvidaron su origen y sus cuentos para no recordar el tra-
yecto de ser otro a ser nadie, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de
las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un
giro. Quién pudiese aún vivir en la inocencia, sin pregun-
tas, sin temor y sin vergüenza”

Lo dedico a todas aquellas personas que migran dejando atrás su historia, sus orígenes, para alcanzar las fronteras, el mar o las vallas que nos separan, huyendo hacia la muerte. Y, los que llegan a tierra, se encuentran con otras muertes de una parte de sí mismos, a merced del odio o del racismo, de leyes injustas, de la intimidación policial y de las torturas en los CIE’s (Centros de Internamientos para Extranjeros). Y, aquellos que tienen más suerte aprenden a andar sobre el lodo.

Para que no los olvidemos, los respetemos y los cuidemos, porque nosotros también somos ellos, somos iguales, sólo aves de paso.

 

 

Fragilidad

fragilidad poesía Mayte Saavedra

El miedo sobre mis párpados cuando me creo sola
Y cierro las puertas. Y bajo mi mirada
Huyo, corro, grito y culpo
En una acción desesperada por alejarme

El dolor sobre mi espalda por los golpes que me di
Y ando despacio. Y vigilo el suelo
Paro, respiro, escucho y siento
En una acción amorosa por acercarme

Esperando el momento en que la bestia rompe a llorar

(Mayte Saavedra, poeta)

Vida y Muerte

 

VIDA Y MUERTE

 

Cuando la luz andaba a paso lento
Tu cuerpo se convertía en pájaro sin alas
Que ya no podía con el peso del cielo

Al palidecer tu alma descosiendo llantos
Los pájaros anunciaban un nueva alborada
Que el cielo dibujaba con sus cantos

(Mayte Saavedra, poeta)

El deseo no tiene edad

 

Si el deseo únicamente lo asociamos a tener un cuerpo joven y bello desde el punto de vista de los patrones estéticos de moda, nuestra capacidad de ser deseables se vería muy limitada. Pero si imaginamos cómo podemos sentirnos deseables o sentir deseo más allá de un cuerpo joven, se nos abren todas las posibilidades. Somos seres sexuales y, por tanto, el erotismo y el deseo siguen presentes en la vejez. No por cumplir años dejamos de sentir deseo.

Comparto con vosotros este relato que pertenece a Gabriel García Márquez:

“Ella le dijo: “no me mires”. El preguntó por qué sin apartar la vista del cielo raso. -Porque no te va a gustar- dijo ella. Entonces él la miró, y la vio desnuda hasta la cintura, tal como la había imaginado. Tenía los hombros arrugados, los senos caídos y el costillar forrado de un pellejo pálido y frío como el de una rana. .Ella se tapó el pecho con la blusa que acababa de quitarse y apagó la luz. Entonces él se incorporó y empezó a desvestirse en la oscuridad, tirando sobre ella cada pieza que se quitaba, y ella se la devolvía muerta de risa”

Quiero ser suave

quiero ser suave poema mayte saavedra

 

quiero ser suave como la grácil hoja caída por el viento

como la blanca espuma arrastrada por la ola

como la vieja roca moldeada por el océano

ser  dulce espuma acariciando la orilla de mi pensamiento

ser delicada roca templando mi voz si se alza furiosa

y, convertirme en el abrazo que, suave, guarezca mi rabia

para así descansar de tanta, tanta dureza

(Mayte Saavedra, poeta)

El valor del Perdón

Rendición y Perdón Mayte Saavedra

Aún recuerdo una frase que escuché de uno de mis maestros de PNL, cuando me formaba en el practitioner, que afirmaba que empatizar con un asesino significa en parte comprender que detrás de su agresión existe una intención positiva, para él claro, no para mí. Me impactó y me sigue costando empatizar, lo reconozco.

Y, cuando leí la entrevista realizada a Everett Worthington en la contra de la Vanguardia el 14 de octubre del 2015, me quedé también muy impactada al leer su testimonio acerca de la muerte de su madre. Everett es psicólogo especializado en el perdón y la reconciliación. Vivió un suceso muy trágico como fue el asesinato de su madre por parte de un ladrón. Explicaba en la entrevista que el ladrón entró en casa de su madre mientras ella dormía y, al despertarse fue golpeada brutalmente hasta matarla. Cuando Everett supo lo sucedido deseó en ese momento matar al asesino de su madre y así vengar su muerte. En un momento de la entrevista, dice textualmente: “¿Quién tiene el corazón más oscuro: él, que al ser sorprendido mata, o yo que con toda la intención decido que quiero matarlo? Darnos cuenta de que no somos mejores que los demás es revelador”. Todo un ejercicio de empatía, humildad y trascendencia, diría yo, espiritual también.

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Cuando todo lo que late se detiene

desesperación Mayte Saavedra

Me ha gustado mucho este poema, escrito por Emily Dickinson, que habla sobre el insolente caos, ese caos interno que a veces nos invade todo el cuerpo.

No era la muerte, pues estaba yo de pie,
y todos los muertos, están acostados –
no era de noche, pues todas las campanas
agitaban sus badajos, a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
sentí sirocos –reptar –
ni fuego – pues sólo mis pies de mármol
podían helar un santuario –

y, sin embargo, se parecían a todas
las figuras que yo había visto
ordenadas, para un entierro,
rememoraba el mío –

como si mi vida fuera recortada,
y calzada en un marco,
y no pudiera respirar sin una llave,
y era como si fuera medianoche – ciertas

cuando todo lo que late – se detiene –
y el espacio mira a su alrededor –
la espeluznante helada – primer otoño que llora,
repele la apaleada tierra –

pero, todo como el caos – interminable inso-
[lente –
sin esperanza, sin mástil –
ni siquiera un informe en la tierra –
para justificar – la deseperación.

“Recuerdos de amor y luz”

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Comparto con vosotros un poema de José Ángel Valente titulado “Esta imagen de ti”. Es un poema de amor bellísimo  que me inspira ternura y serenidad, emotivo para mí. Espero que os guste. Lo acompaño de una foto que hice hace tiempo en París, en una tarde de otoño gris, iluminada sobre el río Sena, donde una pareja se besa ajena a todo, donde el amor encuentra su cobijo en un abrazo y todo lo demás no importa.

El poema también habla del amor que sobrevive al olvido, cuando queda amor después de amar y  cuando los recuerdos se esculpen con imágenes de amor y luz.

“Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.
 
Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
                                            Nunca palabras
de amor más puras respirara.
 
Estaba tu cabeza suavemente 
inclinada hacía mí.
                                                  Tu largo pelo 
y tu alegre cintura.
Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.
 
Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva”
 
(José Ángel Valente)