Te quiero más en otoño

 

 

Comparto este bello poema de amor escrito por Eradio González Alvarez:

 

Te quiero más en otoño

cuando quedas desnuda

como los árboles

y rebulles de amor ante mis ojos

con todo tu cuerpo pidiendo mi cuerpo.

Te quiero más en otoño

cuando desnuda

revoloteas en torno mío

como una bufanda de niebla

enroscada cariñosa a mi cuello.

Te quiero más en otoño

cuando te quedas dormida

y sonríes complacida

como sonámbula,

acariciada por mis besos.

Te quiero desnuda,

te quiero más en otoño.

Te quiero como los campos

con todos los surcos abiertos

propicios a recoger las semillas.

Te quiero más en otoño,

cuando todo duerme,

cuando el trigo está enterrado

y los árboles sin hojas

y los ríos en silencio.

Te quiero más en otoño

cuando todo duerme,

cuando todo sueña

cuando quedas desnuda

con todo tu cuerpo pidiendo mi cuerpo.

(Eradio González Alvarez, poeta)

 

Recojo mis párpados caídos

Recojo mis párpados caídos
abandono la luz y resisto el duelo
abriendo rencores de años perdidos

Quiero gritar porque no olvido

Vuelve la oscura noche
abrazo mi memoria y derramo mis ojos
deslizando su lluvia hasta que mi alma roce

Quiero llorar porque no olvido

(Mayte Saavedra, poeta)

Haciendo que tus sueños dejen de serlo

Puedo sentir tu deseo,

en pequeñas gotas de agua convertido

a través de mis sentidos llega,

de tu fragancia acompañado.

Quiero tocarte, sin hacerlo,

mediante palabras

quiero hacerte mía,

quiero hacerme tuyo.

Desnudarte con mis labios

y tú querer hacerlo,

adentrándome en tus secretos,

recorriéndolos a besos.

Haciendo que tus sueños, dejen de serlo.

Puedo amarte

de mil formas distintas, en lugares oscuros,

entre susurros.

Siente mis manos invisibles

recorrer cada curva tuya.

Suavemente, que en cada roce

tu piel se enerve.

Muéstrate, quiero verte,

sin máscaras, sin prejuicios.

Quiero hacerte mía, hacerme tuyo

a través de mis versos.

(Alex Regueiro, extraído de su poemario “Piel”)

Cerca y lejos

de una pieza, agua clara

que acaricia mis ojos, mis labios, mi frente

deshecha en tus ramas, agua turbia

que araña mis sentidos, tras la corriente

cerca de mi orilla

lejos del viento

me grita el tiempo

                                                                 cerca y lejos

                                                                                            cerca y lejos

                                                                                                                        cerca y lejos

 

(Mayte Saavedra, poeta)

 

Preámbulo

 

ojos en la penumbra
que rodean tu silueta al pasar, agitando el silencio

temblor en mi cuerpo
que acaricia tus poros sin rozar, reviviendo el goce

rozando el beso
que dibuja la orilla de tu boca … muriendo, muriendo …

 

(Mayte Saavedra, poeta)

El chotis del amor propio

 

Donde hay mentiras y engaños
pá qué las palabras sin verdad
porque sin claridad no te veo
y, si no te veo, pá qué arriesgar

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

No juegues más conmigo
pá lo que trajiste mucho te has llevao
que tu teatro ya no tiene espectadora
y tus monólogos ya cansan demasiao

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

Se baja el telón sin aplauso
pá alquien que nunca se lo mereció
que las horas de mi reloj no son regalo
y aquí se acabó lo que se dió

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

Ahí te quedas
con el chotis del desamor ajeno
aquí me despido
con el chotis del amor propio

Si tú no me quieres
¡pá qué te quiero yo!

(Mayte Saavedra, poeta)

Pido al viento

                                                                         pido al viento
arrancar el temblor de nuestras gargantas
para devolverlo a las nuevas ramas

                                                                          pido al viento
soltar nuestras raíces de este podrido suelo
que se traga nuestros sueños

                                                                           pido al viento
lanzar las heridas de nuestra violenta memoria
allá donde las mecerá el silencio

(Mayte Saavedra, poeta)

La insegura trayectoria de las aves

 

Los inmigrantes Mayte Saavedra

Comparto este poema de Chantal Maillard,  extraído de su libro “La herida en la lengua” (2015):

“Nunca suficientemente desolados para tocar fondo y ara-
ñar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies
quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación
en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permiti-
dos en la fase más leve del sueño.

Soportados por millones de esclavos que arrojados al frío
olvidaron su origen y sus cuentos para no recordar el tra-
yecto de ser otro a ser nadie, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de
las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un
giro. Quién pudiese aún vivir en la inocencia, sin pregun-
tas, sin temor y sin vergüenza”

Lo dedico a todas aquellas personas que migran dejando atrás su historia, sus orígenes, para alcanzar las fronteras, el mar o las vallas que nos separan, huyendo hacia la muerte. Y, los que llegan a tierra, se encuentran con otras muertes de una parte de sí mismos, a merced del odio o del racismo, de leyes injustas, de la intimidación policial y de las torturas en los CIE’s (Centros de Internamientos para Extranjeros). Y, aquellos que tienen más suerte aprenden a andar sobre el lodo.

Para que no los olvidemos, los respetemos y los cuidemos, porque nosotros también somos ellos, somos iguales, sólo aves de paso.