¿De qué forma expresas tu rabia?

 

Partiendo de la idea de que la rabia o ira no es ni negativa ni positiva, sino adecuada o no, que se parece a una señal de STOP, tratándose por tanto de una emoción adaptativa y necesaria que nos ayuda a proteger nuestros derechos, a restablecer nuestra dignidad y a poner límites a los demás, me gustaría compartir con vosotros una reflexión que hace Bert Hellinguer, filósofo, teólogo y pedagogo, en su libro “Órdenes del amor”.

Conocer las distintas formas de expresión de la ira te ayudará a tener más conciencia de cómo te relacionas con esta emoción y cómo está afectando a tus relaciones con los demás.

“Diferentes tipos de ira.

     Primero: alguien me ataca o comete una injusticia conmigo, por lo que reacciono de manera correspondiente, con rabia e ira. Esta ira permite que me defienda o me imponga vigorosamente. Me capacita para actuar, es positiva y me fortalece. Esta ira tiene un motivo concreto, siendo, por tanto, adecuada. Se apacigua en cuanto alcanza su meta.

     Segundo: me enfurezco o enojo porque me doy cuenta de que no he tomado lo que hubiera podido o tenido que tomar, que no he exigido lo que hubiera podido o tenido que exigir, o que no he pedido lo que hubiera podido o tenido que pedir. En vez de imponerme y tomar o conseguir lo que me falta, me enfurezco o enojo con las personas de las que tomé o a las que no exigí o pedí, aunque hubiera podido o tenido que tomar, exigir o pedir. Esta ira sustituye el actuar y aparece como consecuencia de los actos omitidos. Por tanto, paraliza, incapacita, debilita y, frecuentemente, dura mucho tiempo.
La ira como rechazo del amor tiene efectos similares. En vez de expresar mi amor, me enfurezco con aquellos que amo. Esta ira se remonta a la infancia si se desarrolla como consecuencia de un movimiento interrumpido hacia uno de los padres. Posteriormente, al darse situaciones similares, la ira repite la vivencia temprana, sacando de ella su fuerza.

     Tercero: estoy enojado con una persona porque he cometido una injusticia con ella sin querer admitirlo. Con esta ira me resisto a asumir las consecuencias de una culpa, pasándosela al otro. También esta ira sustituye mi propio actuar, permitiéndome permanecer pasivo, paralizándome y debilitándome.

     Cuarto: alguien me da tanto que me resulta imposible compensarlo. Eso es difícil de soportar. En consecuencia, me resisto al dador/a y a sus dones enojándome con él/ella. Esta ira se expresa en forma de reproche, por ejemplo, de los hijos contra los padres. Así, sustituye el tomar, el agradecer y el actuar, dejando a la persona paralizada y vacía. También es posible que se exprese como depresión, que sería la otra cara del reproche. También ella sirve para sustituir el tomar, el agradecer y el dar, dejando a la persona paralizada y vacía. Asimismo, esta ira puede expresarse como un dolor interminable después de una separación, cuando aún les debo a quienes han muerto o han sido excluidos el tomar y el agradecer o, como sería el caso en la tercera forma de la ira, el asumir mi propia culpa y sus consecuencias.

     Quinto: algunos sienten una rabia que adoptan de otros y en lugar de éstos. Así, por ejemplo, cuando en un grupo un participante reprime su propia rabia, al cabo de un tiempo, otro miembro del grupo se enfurece, en la mayoría de los casos, el más débil, que no tenía ningún motivo para hacerlo. En una familia, este miembro más débil sería un niño. Cuando, por ejemplo, la madre está resentida con el padre y, sin embargo, reprime su rabia, uno de los hijos se enfadará con él.
Frecuentemente, el más débil no sólo se convierte en portador de la ira, sino también en su blanco. Cuando, por ejemplo, un empleado se enfurece con su jefe y, no obstante, reprime su ira, frecuentemente la dirigirá contra una persona más débil; cuando un hombre se enfurece con su mujer y retiene, sin embargo, su rabia, en su lugar, lo pagará un hijo.
Muchas veces la ira no sólo es transferida de un portador a otro, por ejemplo, de la madre al hijo, sino que también se transfiere según su orientación, de una persona fuerte a otra débil. En un caso así, una hija no dirige contra el padre la ira que ha adoptado de su madre, sino contra alguien con quien se siente capaz de enfrentarse, por ejemplo, su propio marido. Asimismo, en un grupo, la ira adoptada no se dirige contra la persona fuerte a la que apuntaba en un principio, por ejemplo, el coordinador del grupo, sino contra un miembro débil, que se convierte en chivo expiatorio.
En la ira adoptada, los perpetradores están fuera de sí, sintiéndose fuertes y justificados; en realidad, sin embargo, actúan con fuerzas ajenas defendiendo derechos ajenos, por lo que permanecen ineficaces y débiles. También las víctimas de la ira transferida se sienten fuertes y justificados al saber que sufren injustamente. Pero, también ellos permanecen débiles, y su sufrir, inútil.

     Sexto: existe una ira que es virtud y habilidad, fuerza atenta y eficacia que se concentra en lo que es necesario para solventar una situación de necesidad y que, con audacia y conocimiento, encara lo pesado y lo poderoso. Sin embargo, está libre de emoción. Si es preciso, también hace daño al otro, pero no por miedo y ni por estar enojado con él: agresión como energía pura. Esta ira es el fruto de una disciplina y un ejercicio de mucho tiempo; quien la tiene, sin embargo, la tiene sin esfuerzo. Su expresión es el actuar estratégico.”

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