El valor del Perdón

Rendición y Perdón Mayte Saavedra

Aún recuerdo una frase que escuché de uno de mis maestros de PNL, cuando me formaba en el practitioner, que afirmaba que empatizar con un asesino significa en parte comprender que detrás de su agresión existe una intención positiva, para él claro, no para mí. Me impactó y me sigue costando empatizar, lo reconozco.

Y, cuando leí la entrevista realizada a Everett Worthington en la contra de la Vanguardia el 14 de octubre del 2015, me quedé también muy impactada al leer su testimonio acerca de la muerte de su madre. Everett es psicólogo especializado en el perdón y la reconciliación. Vivió un suceso muy trágico como fue el asesinato de su madre por parte de un ladrón. Explicaba en la entrevista que el ladrón entró en casa de su madre mientras ella dormía y, al despertarse fue golpeada brutalmente hasta matarla. Cuando Everett supo lo sucedido deseó en ese momento matar al asesino de su madre y así vengar su muerte. En un momento de la entrevista, dice textualmente: “¿Quién tiene el corazón más oscuro: él, que al ser sorprendido mata, o yo que con toda la intención decido que quiero matarlo? Darnos cuenta de que no somos mejores que los demás es revelador”. Todo un ejercicio de empatía, humildad y trascendencia, diría yo, espiritual también.

Everett habla del “Perdón emocional“, que consiste en reemplazar las emociones negativas con sentimientos positivos como la compasión, la simpatía y la empatía.

Yo añadiría que no se trata de sustituir unas emociones por otras porque no somos ordenadores a los que se les puede reemplazar un software por otro. Cuando vives una injusticia o te sientes ofendido/a, todos sentimos rabia. Y la rabia, como cualquier emoción necesita expresarse. Por tanto es necesario dar espacio a la rabia, expresar al otro nuestro enfado de forma asertiva. Y, con el tiempo podremos llegar a perdonar a esa persona, puede llegar el perdón desde el corazón, no desde la cabeza. No decidimos perdonar, lo sentimos dentro de nosotros, sentimos que estamos preparados para perdonar cuando ya no hay sufrimiento, dolor, ni rabia y, podemos estar vacíos de estas emociones para poder perdonar.

Everett ha desarrollado un proceso de cinco pasos denominado REACH que nos puede ayudar a alcanzar el perdón:

R: “Recall” (memoria). Se trata de rememorar el daño que se hizo de la forma más objetiva posible.

E: “Empathize” (empatizar). Se trata de ponernos en lugar de la persona que nos hizo el daño, tratando de entender su punto de vista. Y, aquí entraría lo que explicaba mi maestro de PNL: comprender que detrás de la agresión existe una intención positiva, para el agresor, claro.

A: “Altuism” (altruismo), Se trata de pensar en qué situaciones y a qué personas he hecho yo daño y fui perdonado. Aceptar que cada uno de nosotros tiene una parte “cabrona”, agresora o violenta, nos ayuda a reconocer nuestra capacidad de hacer daño y, al mismo tiempo, de aceptar que otras personas nos puedan dañar.

C: “Committing” (compromiso). Verbalizar el perdón hacia la persona que nos hizo el daño, dándole nuestro perdón. Considero que no es necesario hacerlo siempre, porque también podemos darle el perdón sin decírselo, ya que la otra persona puede ser que no esté preparada para recibirlo o bien corremos el riesgo de volver a sentirnos agredidos o agredidas.

H: “Holding on” (retener, quedarse con), se refiere a no olvidar que hemos recibido daño por parte de esa persona y que ello ha transformado la relación, ya que ser consciente de ello nos protege de daños futuros. Pero, eso sí, sabiendo que hemos llegado a perdonarle.

¿Cuándo es más fácil o más difícil perdonar?

Es más fácil perdonar cuando el daño sufrido ha sido puntual, ha pasado una vez y no se ha repetido. Y, cuando ha habido una reparación, es decir, cuando la persona agresora se ha disculpado de forma sincera y ha llevado a cabo una acción correctora para compensar el daño.
Y, es más difícil llegar al perdón cuando las agresiones han durado en el tiempo, se han ido repitiendo y ha habido un patrón duradero de conducta violenta. Y, si además, no ha habido reparación alguna, el perdonar se complica mucho.

Everett también distingue entre los actos de perdón y de reconciliación. Mientras que el perdón es algo que depende de una persona y se fragua en su interior, la reconciliación sucede entre las personas.
La reconciliación es el restablecimiento de la confianza cuando la confianza se ha dañado en una relación. La reconciliación requiere que la confianza sea restaurada. Por tanto, si no hay confianza en el otro, no hay posibilidad de reconciliación.

Me gustaría acabar con un proverbio árabe que dice así: “Todo (lo que existe) duerme, excepto el rencor y el agua”
Y, lo que tranquiliza, es también aprender a perdonarme a mí, ya que ello nos facilita perdonar a los otros. Practicar el amor incondicional hacia nosotros mismos nos traerá paz.

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