Ilegales NO, leyes justas, Sí

Inmigración Mayte Saavedra

 

Esta mañana me he sentado en un bar a leer el periódico. Uno de los titulares me llama la atención: “Manteros hieren a cinco urbanos en la Rambla”. Y, también leo la siguiente frase destacada en negrita: “El ayuntamiento dice ahora que apoyará todas las acciones contra el comercio ilegal en la vía pública”

Otro titular que criminaliza a los inmigrantes, además se habla de subsaharianos, no de vendedores ambulantes, ¡qué más da su origen geográfico! Una vez más una noticia que me hierve la sangre, una más, hay tantas noticias de este tipo en los periódicos.
Al mismo tiempo leo más adelante que el Ayuntamiento se ha reunido con representantes del colectivo senegalés para acordar con ellos una alternativa en forma de proyecto laboral. Y, me alegra leer que el Ayuntamiento se plantea ofrecer una alternativa a estas personas que trabajan en la calle, es una noticia positiva.

Porque la solución no es castigarlos, ni requisarles la mercancía y mucho menos internarlos en el centro de Zona Franca o deportarlos a sus países. Estas no son soluciones. La solución pasa por ayudarles a que puedan vivir dignamente en nuestra ciudad, con un trabajo digno, una vivienda digna y, sobre todo un trato digno. Nada de criminalizarlos, de convertirlos en protagonistas de titulares como los que leo en los periódicos tratándoles de delincuentes y personas no gratas. De eso nada. Y que conste que no defiendo la violencia por parte de nadie, ni de las fuerzas de seguridad ni de las personas que venden en la calle. Pero sí defiendo la empatía, puedo ponerme en lugar de estas personas y sentir su rabia, impotencia y sentimiento de injusticia. Que esa rabia se exprese en violencia no me parece lo más adecuado para nadie pero sí comprendo su rabia, puedo ponerme en su piel, que es tan sensible como la mía.

Y, sí realmente a los ciudadanos y a los comerciantes nos preocupara el comercio ilegal, creo que el problema es más amplio, no se limita sólo a los vendedores ambulantes.

Por poner algunos ejemplos, en verano en nuestras playas los chiringuitos hacen su agosto y, claro que están legalizados, pagan sus impuestos, no digo lo contrario. Pero en muchos de esos chiringuitos, sobre todo en algunos pueblos costeros alejados de Barcelona, he visto familias que ocupan a sus hijos durante los meses de verano para trabajar en el negocio familiar. Algunos de estos niños son menores de edad, sin cumplir la edad legal para trabajar. Y, si tienen la edad legal, tampoco se está cotizando por ellos a la seguridad social. En ambos casos, estos jóvenes y/o niños están trabajando de forma totalmente ilegal. Y, ¿no hacemos nada? ¿no lo castigamos ni censuramos? ¿no hacen competencia desleal a los restaurantes que sí se hacen cargo de los costes laborales de sus empleados?

Por otro lado, las escuelas de idiomas que tienen un local a pie de calle y pagan religiosamente sus impuestos también sufren competencia desleal. Son muchos los profesores de idiomas que hay en la ciudad que ofrecen sesiones por 10, 15 ó 20 euros la hora sin pagar impuestos. Y, en este caso, ¿tampoco hacemos nada? También es un negocio ilegal y que perjudica a otras personas.

Lo que quiero decir con esto es que, si realmente estuviéramos interesados en condenar el comercio ilegal, no nos ensañaríamos tanto o tan sólo con los vendedores ambulantes.

Toda persona que cruza la frontera esperando vivir en otro lugar huyendo del hambre, la miseria y la guerra, merece sentirse una persona libre y sujeto de derechos sin necesidad de tener la obligación de disponer de un contrato de trabajo. Y, merece atención sanitaria, formación sociolaboral para su inserción en el nuevo lugar, una vivienda digna así como un trabajo digno.

Las personas que cruzan las fronteras somos todos, todos lo hemos hecho alguna vez, nuestros abuelos, bisabuelos y actualmente muchos jóvenes españoles se han convertido en inmigrantes huyendo de los salarios basura que existen en nuestro país.

No existen personas ilegales, existen leyes injustas que necesitan ser abolidas y transformadas en leyes más justas. La relación con las personas llamadas inmigrantes no se traduce en términos mercantiles ni se cierra levantando muros y vallas, ¡se basan en un trato humano y digno!

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