Cómo superar tus miedos

miedos, cómo superarlos

 

Nuestros miedos nos condicionan. Dejamos de asumir riesgos, tememos el futuro, lo desconocido. Nos hace sentir inferiores en nuestra relación con los demás. Nos podemos mostrar a la defensiva y con desconfianza, por temor a sentirnos vulnerables y que nos hagan daño.

Tenemos miedo a que nos descubran, a mostrarnos tal y como somos, a sentirnos avergonzados por ello, a sentirnos débiles ante los demás. Miedo a decir que no y a poner límites. Miedo a enfadarnos. Miedo a expresar lo que pensamos o sentimos. Miedo al abandono y al rechazo, en definitiva.

Estos miedos tienen su origen en nuestra infancia, en cómo aprendimos a relacionarnos con nuestra familia o nuestros cuidadores. Y, dichas pautas de relación se replican en nuestras relaciones como adultos, con nuestras parejas, con nuestros hijos y nuestras amistades más íntimas.

¿Cómo los compensamos?

Ante estos miedos, para evitar sufrir por ellos, aprendemos a protegernos a través de distintas estrategias de compensación que nos permiten controlar las situaciones para evitar sentir dolor.

Para compensar miedos profundos, desarrollamos una personalidad defensiva dependiendo de si “nos movemos hacia otra persona”, “nos movemos en contra de otra persona” o si “nos alejamos de otra persona”

Según el libro “De la codependencia a la libertad”, de Krishnananda, las formas en que nuestro niño/a herido/a aprendió a protegerse son de cuatro estilos básicos:

1. Complacer/ armonizar

Complacemos para evitar tener que enfrentarnos a alguien o recibir su ira. Este comportamiento alimenta nuestro complejo de inferioridad y resentimiento.

2.- Controlar / Cuidar

Una forma de controlar consiste en hacer de padre/madre, consiguiendo que alguien nos necesite y se haga dependiente de nosotros.               Otra forma es tiranizar y usar nuestro poder para abrumar a los demás a través de la violencia o la amenaza de violencia, utilizando el dinero, las palabras, el sexo o el intelecto. Hacemos nuestro papel y, en cuanto nos es posible le devolvemos a los demás, controlando y tiranizando, el resentimiento que hemos almacenado por tener que complacer.

También aprendimos a controlar haciéndonos mentales. Creemos que sabemos lo que hacemos, pero nos bloqueamos a cualquier conocimiento auténtico, que nazca de nuestro cuerpo, emociones o intuición. El cinismo y el sarcasmo que a menudo acompañan a la defensa intelectual pueden ser un arma de defensa frente a otros.

3.- Luchar / Rebelarse

El luchador o rebelde interior expresa la ira de su niño/a herido/a moviéndose hacia fuera para desafiar cualquier amenaza de invasión o abuso. Nos perdemos en la reacción, en atacar y defender, sospechando y siempre en guardia. La ira y la reacción se convierten en nuestra manera de no sentir el dolor, el miedo, la impotencia. Nos causa aislamiento y dolor.

4.- Aislarse/cerrarse en si mismo

Nos aislamos porque nos resulta aterrador abrirnos a los demás y establecer relaciones íntimas. En la soledad encontramos algo de poder y realización, pero no nos nutre. Nuestra retirada está íntimamente conectada con el dolor que llevamos dentro. Pero para sentir el dolor, tenemos que abandonar la seguridad de nuestra soledad.
Cuando nos aislamos, nos convertimos en niños/as irresponsables y continuamos estando desconectados de nosotros mismos.

¿Cómo superar nuestros miedos?

Aceptándolos, comprendiendo nuestra historia personal. Y, atravésándolos, sintiendo el dolor y la angustia. Nos podemos ayudar de la terapia Gestalt y de la meditación. La meditación Vipassana nos enseña a observar el miedo sin reaccionar, descubriendo que es impermanente, que pasa, que se puede disolver. En este caso, observamos y permanecemos en el miedo para, de forma natural, darnos cuenta de que pasa.

Y, la terapia Gestalt nos ayuda a expresar el miedo, la rabia, la vergüenza, que han estado reprimidas durante tanto tiempo. Nos ayuda a reconocer nuestros mecanismos de defensa y, a adoptar una postura más flexible en nuestras relaciones. Nos hacemos más conscientes de quiénes somos y podemos relacionarnos sin máscaras, haciéndonos cargo de nuestro miedo si surgiera.

Como terapeuta gestalt te ofrezco la posibilidad de ayudarte a atravesar tus miedos. Si lo deseas, puedes tener una primera sesión terapéutica gratuita.

Un abrazo!

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